A 70 años de la Declaración Universal de DD.HH.

Para promover un respeto sustantivo y profundo con los derechos humanos urge que consideremos todos estos elementos que ponemos sobre la mesa, que defendamos la memoria y la dignidad, y respetemos los derechos humanos y los organismos que la comunidad internacional ha construido para protegerlos y promoverlos.

Este año conmemoramos 70 años de la declaración universal de los DDHH que consagró a la ONU como el organismo que salvaguarda su respeto, y en nuestro país además 45 años del golpe cívico-militar y 30 del plebiscito que decidió que Pinochet dejara el poder. En este marco, vale la pena poner algunos puntos sobre la mesa.

La obligación de respetar, promover y proteger los DDHH recae sobre los Estados, y las materias que se abordan son diversas por lo cual la condena de su vulneración, limitación o violación va dirigida a lo ocurrido en cada país y así lo expresan los distintos órganos de las Naciones Unidas y del Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

En los diversos informes de estos organismos se elaboran largas y detalladas referencias a la libertad de expresión; uso de métodos de tortura; reducción del espacio democrático; persecución y discriminación por motivos de género, origen étnico o racial; vigencia de la pena de muerte; entre muchos otros, y en todos los países del mundo, pues no existe ni un solo país en el mundo que pueda afirmar una vigencia plena y total de todos los derechos y para todas las personas que habiten su territorio.

Hay países que enfrentan distintos niveles de gravedad en la vulneración de sus obligaciones, algunos gozan de mayor satisfacción de derechos que otros. En cualquier caso, la violación a los derechos humanos existe y debe reconocerse como tal. Sin embargo, por rigurosidad, vale la pena detenerse en cuál es la realidad de cada país en torno a dicha violación, no para justificar en un "contexto", sino por el contrario, para conocer la gravedad de los hechos y condenar en conocimiento.

En Chile se violaron grave y sistemáticamente los DD.HH durante la dictadura, se cometieron crímenes de lesa humanidad en los secuestros, desapariciones, tortura y violencia política sexual, y hubo en nuestro país terrorismo de Estado durante 17 años. Hoy también hay violación de derechos, la sufren las niñas, niños y adolescentes en el SENAME, el pueblo mapuche, las comunidades con graves daños en su medio ambiente y ecosistemas por la acción de la industria extractivista, las mujeres que ven limitada su autonomía y libertad por las prohibiciones impuestas por el Estado, la diversidad y disidencias sexuales que sufren violencia y se ven impedidas de ejercer sus derechos en condiciones de igualdad y no discriminación, las personas migrantes, entre otras. Todas estas situaciones se encuentran ampliamente reconocidas en los informes de Comités de Naciones Unidas, del Consejo de Derechos Humanos y de la Corte y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que han hecho múltiples recomendaciones al Estado en estas distintas dimensiones para avanzar en el cumplimiento de sus obligaciones y la garantía de derechos en el país.

Estas diversas situaciones de vulneración de derechos deben ser reconocidas, y nunca puede justificarse por ningún contexto y en ningún escenario, lo que no significa que no podamos reconocer la diferencia y multiplicidad de circunstancias en que estas vulneraciones se verifican, en algunos casos en contextos de dictadura y en otros, en contextos de sistemas democráticos con mejores y peores condiciones de representatividad y calidad de sus instituciones.

A modo meramente ejemplar, México ha destacado por la violencia y el crimen organizado; en el caso de Venezuela por el debilitamiento grave de su democracia y sus consecuencias en la satisfacción de derechos básicos; Cuba por libertad de expresión y participación política; en EE.UU el uso de la tortura, la violencia policial y encarcelamiento masivo en contra de la población afroamericana, y actualmente su gravísima situación migratoria; en Nicaragua por la violencia y detenciones masivas; en Medio Oriente por las guerras y conflictos armados; Egipto por silenciamiento de la oposición. Por uso de la pena de muerte: Filipinas, Indonesia, Jordania, Pakistán, China, Irán, Irak. La lista sigue con el resto de todos los países del mundo.

¿Reconocer las diferencias entre la situación de estos distintos países es relativizar? Nuestra respuesta es no. Lo que se intenta es poner sobre la mesa un asunto que es tremendo y que amerita una reflexión más profunda que la arbitrariedad de referirse a uno o dos casos, y por supuesto más que un sí, un no, o una abstención, en un proyecto escrito arbitrariamente por un grupo de parlamentarios y parlamentarias en el congreso.

Como feministas socialistas comprometidas con un socialismo para este siglo, democrático y libertario no tenemos ningún compromiso con defender a gobernantes que limitan, restringen o violan los DDHH. Ni idolatrías, ni fanatismos. Tampoco dogmatismos.

La defensa de los derechos humanos, sociales, sexuales y reproductivos es nuestro norte, y antes de caer en el falso clivaje de dictadura-democracia para determinar que existe o no violación de derechos es necesario abordar la diversidad de situaciones de manera situada, en su mérito y sus condiciones específicas. Descompone el chantaje de los partidos chilenos que apoyaron el golpe y que, buscando contexto para el caso chileno en el pasado, hoy día pretenden exigir condena para otros países e incluso apoyan golpes para esos casos, en una supuesta defensa de los derechos humanos. Los mismos partidos que se niegan a cumplir las recomendaciones internacionales de derechos humanos para las mujeres y la diversidad sexual, hoy pretenden obligarnos a condenar vulneraciones de derechos otras latitudes por motivos antojadizos de supuesta neutralidad.

Altera la postura de hacer como si todos los casos fueran iguales. Porque no, no lo son. Sus diferencias están documentadas y reconocidas por los organismos que la comunidad internacional ha determinado y construido para ese fin, y es ese consenso internacional la base que legítima y colectivamente nos determina un piso común. Que no nos impongan arbitrariedades para empujarnos a decir lo que quieren oír. Si nos vamos a referir al caso de Cuba, Venezuela o Nicaragua debemos hacerlo en su mérito, no negando lo que está ocurriendo, pero sin duda intentando de manera seria, al menos, entender y dar a conocer qué es lo está pasando sin comparaciones caprichosas e injustificadas.

Para promover un respeto sustantivo y profundo con los derechos humanos urge que consideremos todos estos elementos que ponemos sobre la mesa, que defendamos la memoria y la dignidad, y respetemos los derechos humanos y los organismos que la comunidad internacional ha construido para protegerlos y promoverlos.

Daniela Quintanilla
Camila Rojas

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