Carlos Ruiz: “Buscar una agenda corta de reformas”

Integrante de IA y Nodo XXI, instó a “construir agendas” que activen a actores sociales y los hagan protagonistas, en “un proceso de acumulación de fuerzas”.

El sociólogo Carlos Ruiz, integrante de la organización Izquierda Autónoma (IA) y de Nodo XXI, planteó que la “radicalización de la derecha”, expresada en fenómenos como Jair Bolsonaro y José Antonio Kast, tiene que ver directamente con “este divorcio que se produce entre política y sociedad” y que pasa a ser “la condición inmejorable para la maduración” de la ultraderecha. Apuntó que “no basta” con respuestas desde es “criticismo moral”, sino cómo la izquierda responde a ese divorcio de política y sociedad, del divorcio Estado y sociedad.

Respecto a cómo la oposición, o específicamente la izquierda, encara el actual periodo con avances de la derecha y la instalación de un Gobierno conservador en Chile, Ruiz dijo que es fundamental “buscar una agenda corta, inmediata, de reformas”, y que eso “implica que tenemos que pasar a construir agendas que en este momento puedan activar” los protagonismos de los actores sociales y con ello avanzar en “un proceso de acumulación de fuerzas”.

Carlos Ruiz participó en el encuentro convocado por la Fundación Casa Común, y esta es la transcripción de sus palabras:

“Voy a tratar de tomar literalmente el título (del foro: “O construimos juntos o nos hundimos por separado”,) y voy a intentar arriesgar algunas ideas que nos permitan reflexionar y avanzar; discernir caminos.

Estamos todos preocupados por un ascenso de fuerzas de radicalización de la derecha. En Chile, en Estados Unidos, en Europa, en América Latina. No es nuevo, es algo que nos ocurre a veces en la izquierda. Yo lo comentaba hace poco en el foro de Revolución Democrática (RD), lo comenté también en la prensa, que los ascensos de estos procesos de radicalización de la derecha suelen encontrar a la izquierda sin política. Y el refugio en el criticismo de tipo moral, más allá de todo lo que nos molesta y todo lo que nos violenta eso de la derecha, no basta.

Eso no es un tema actual, es un tema histórico. Por ahí el alemán de la melena (referencia a Karl Marx) decía que la primera vez se vive como tragedia y la segunda como comedia. Entonces tenemos una historia y una historia muy cara en ese sentido, de la cual creo que tenemos que hacernos cargo y que empieza a interpelarnos en este momento.

Este divorcio que se produce entre política y sociedad es la condición de posibilidad inmejorable para la maduración de esas formas de radicalismo de una derecha que lo que apuesta es a irracionalizar la política, a irracionalizar el debate, a irracionalizar la deliberación legítima, democrática a través de la cual una sociedad puede proyectar racionalmente el futuro que quiere.

El peligro del giro de las cuñas, del escenario al que lleva la derecha

Eso es lo que deshacen y lo hemos visto en el último tiempo. Insultan, y tendemos a reaccionar de esa manera (criticismo moral) cuando creo que tenemos que sentarnos un minuto a ver cómo vamos a enfrentar eso. Cómo vamos a enfrentar eso más allá de todo lo que nos pueda violentar lo que nos hacen. Porque pelear en ese giro propagandístico y de cuñas que está tan de moda hoy, es el escenario donde ellos van a llevar la de ganar.

Para eso fabrican los Bolsonaros, los Trump, los Kast, la diputada Flores y qué se yo, y por ahí sigamos. Eso es lo que hemos tenido en el último tiempo y eso puede crecer. Depende (de) si no nos hacemos cargo de ese divorcio que hay entre política y sociedad.

Entonces se nos olvida que la política es un proceso social, así como en la economía también a los economistas se les olvida que es un proceso social también. Por ahí los sociólogos decimos que se des-sociologiza la política y se des-sociologiza la economía.

En ese punto, me parece que es fundamental ponernos de acuerdo quizás en algunas cuestiones de largo plazo y como los articulamos. Estoy de acuerdo con que hay que articular los esfuerzos políticos que tenemos. Pero también estoy de acuerdo con que no basta.

Agendas que activen fuerzas sociales

El problema es que hay que recuperar fuerzas sociales que sean capaces de alterar el carácter social de la política. Eso implica que de alguna manera tenemos que pasar a construir agendas que en este momento puedan activar, también, esos protagonismos y no solamente, entonces, el protagonismo de los parlamentarios, por ejemplo. Ese hiper-protagonismo que de repente vive ensimismado en una nube que la gente no conecta con él. Como tampoco es la absolutización de los municipios o los territorios, o tampoco de repente la absolutización de los movimientos sociales. Todos caben en una estrategia con distintas funciones. Eso habrá que articularlo y buscarlo. Pero para poder llegar ahí, me parece a mí que una cuestión urgente es cómo lo vamos a ir articulando. No a través de deliberaciones intelectuales nada más.

Buscar una agenda corta, inmediata, de reformas. Que permitan conectar de nuevo con ese individuo que está en la calle y se siente solo, que vive en su ostracismo y que es la carne de cañón en este rato que van a movilizar en contra de nosotros. Porque no es solamente un divorcio entre política y sociedad, hay un divorcio entre Estado y sociedad. La falta de derechos, que es tremenda.

Revertir esa historia del neoliberalismo

Aquí quiero con esto plantear lo siguiente. Llevamos más de cuatro décadas, ya llevamos casi cuatro décadas y media en esta etapa que llamamos en algún rato neoliberalismo. Que nos parecía que era un Estado de excepción, una condición excepcional, un giro del capitalismo chileno. Que ya lleva más tiempo corriendo que el ciclo anterior, que el desarrollismo, por llamarlo de alguna manera. Ya es la etapa más larga de la historia contemporánea de Chile. Nosotros no hemos podido todavía con eso. Entonces tenemos que buscar transformaciones concretas que permitan empezar a revertir esa historia, a alterar ese cuadro absolutamente adverso que tenemos hace más de cuatro décadas y media ya.

Si partimos más o menos el año ‘75, cuando los Chicago Boys se hacen cargo de todo el aparataje y las reformas, sacar esa cuenta es terrible. Eso desarticuló formas en las cuales se constituían los viejos actores sociales.

Habrá que ver entonces en qué forma se pueden constituir los actuales actores sociales. Para eso, insisto, pueden haber agendas de transformación de más largo aliento, pero hay que buscar algunas inmediatas, ahora, y forzar a las Bancadas (parlamentarias) con lo que tengamos a mano para que se articulen detrás de algunas de esas reformas y que esas reformas también permitan entonces que se activen los actores sociales y salgan a defenderlas.

Porque estoy de acuerdo, no se van a resolver solas. Necesitamos a esos actores. Pero también podemos avanzar desde las representaciones que tenemos, a construir la polaridad de otro modo, no de la forma que la está instalando en este rato la extrema derecha. Porque nos está conduciendo a una polaridad que no lleva a ninguna parte. Es ese escenario de confrontación que nos están abriendo donde ellos acumulan fuerzas. Nosotros tenemos que tratar de alterar el escenario para poder realizar un proceso de acumulación de fuerzas desde nuestros propios términos.

Articularse en torno de cosas concretas

La posibilidad de plantear una agenda corta de reformas, tiene que organizar el esfuerzo de las distintas fuerzas para articularse en torno a cosas concretas, a puntos concretos.

No se trata de que nosotros empecemos a decir cuáles pueden ser esos puntos, porque eso tiene que ser resuelto, dirimido, debatido en los espacios conducentes de los actores. No podemos intentar -yo puedo tener algunas ideas- suplantar esos actores, no me parece eso, no me parece legítimo. Pero sí me parece urgente y sí tenemos alguna responsabilidad en esto, y tenemos que ejercerla, y tenemos que conminarlos a hacer esta cuestión.

Algunas de esas reformas hay que lucharlas ahora como oposición a este Gobierno. Empezar ahora, de inmediato. Por lo tanto, terminar con la dispersión que tenemos como ‘oposición’. Porque tenemos una dispersión enorme. Tenemos que concentrarnos en pocos ejes que permitan una articulación con la sociedad. A partir de ahí empezar a acumular, realmente, fuerza social. Ejes de confrontación que permitan que los actores sociales se constituyan, se fortalezcan, avancen y ganen protagonismo.

Revisar formas de protagonismo político

En ese divorcio actual de política y sociedad nosotros no tenemos nada que hacer, tenemos todas las de perder. Tenemos que hacernos cargo entonces de esa situación y eso implica que revisemos las formas en que estamos construyendo protagonismo político hoy todos.

Por lo tanto, me parece que en una burocratización extrema de la política no vamos a resolver nada. En una compulsión, tampoco, corresponder a la violencia con que se empieza a plantear la derecha, tampoco vamos a ganar nada. Tenemos que plasmar una fuerza efectiva que se pueda instalar. En la calle, en el Parlamento, en las municipalidades, usted tiene los distintos escenarios.

El punto inicial de esto no es un acuerdo electoral, eso debería ser un punto de llegada no un punto de partida, de lo contrario vamos a volver a ahogarnos en la distribución de cuotas. La política ya tiene mucho de que se ha convertido en una especie de carreras individuales. Tenemos que decirlo autocríticamente, eso es lo que se ha convertido. Desde este bando, desde esta vereda. Se ha convertido mucho en eso. Si a la derecha le pasa lo mismo, es problema de ella, pero nosotros tenemos que hacernos cargo de que esa ausencia de proyecto ha permitido entonces esa descomposición de la política, de la cual la gente está harta. Pero en ese hartazgo, insisto, quien acumula es la derecha más extrema, porque apuesta al deterioro de la política. Su discurso es el discurso del miedo, el discurso de la crisis de legitimación de la política. Por ahí es donde se cuela.

Entonces hay que empezar a reflexionar cómo vamos a parar eso y cómo vamos a parar eso es solamente con fuerzas contundentes. Estamos ante una responsabilidad inmediata, que también es parte de una responsabilidad histórica, de aprender a madurar una política concreta para enfrentar los ciclos de radicalización de la derecha.