Declaración Pública: Por un movimiento estudiantil feminista

El año 2018 será recordado por las movilizaciones feministas y en particular por la ola feminista estudiantil de la que fuimos parte. Nos tomamos calles e instituciones educativas para demandar educación no sexista y exigir espacios seguros, libres de acoso y de violencia. Con la fuerza de la movilización, el movimiento estudiantil feminista se ha constituido como la mejor oposición al avance neoconservador de la derecha en su agenda mujer y ministerio de la familia.

Igualmente memorable ha sido la capacidad del movimiento para dar cuenta de la alianza entre el mercado educativo y un sistema educacional sexista. La unión de estos precariza las vidas de tod@s, y en especial de las mujeres, cuerpos feminizados y disidencias sexuales. El movimiento no solo vino a profundizar la capacidad de análisis y las demandas del movimiento estudiantil, sino también a cuestionar sus propias lógicas de funcionamiento orgánico y de elaboración política.

Aun así, debemos tener una mirada crítica y autocrítica de lo que ha sido la movilización que llevamos adelante. La incapacidad de articulación real de las actrices movilizadas en pos de una demanda común nos impidió participar del debate público en torno a educación, dificultando empujar transformaciones más allá de nuestras casas de estudio. Esto se agudiza con las posiciones de algunos sectores esencialistas, anti-partidistas y de aquellos que apostaron por la mera protocolarización del conflicto desde una perspectiva punitivista. En la misma línea, la incapacidad del Confech de ser una herramienta para la articulación de las estudiantes organizadas, junto a la desconfianza hacia la orgánica estudiantil tradicional, dificultaron la posibilidad de construcción de un movimiento estudiantil feminista con capacidad de disputa política y vocación de mayorías.

Desde el Frente Amplio a ratos hemos entorpecido, más que aportado a la organización y la movilización. No hemos dialogado para construir una perspectiva de izquierda feminista que dispute el carácter de la movilización, reconociendo su potencial transformador y aportando una dirección política clara. La disputa pendiente al interior de algunas organizaciones por hacer del feminismo un horizonte estratégico y un quehacer político —y el mal manejo respecto de casos de violencia, acoso y abuso— han llenado nuestro quehacer de constantes contradicciones.

Desde Izquierda Autónoma, creemos que no hay izquierda posible sin organización ni movilización social, por lo que llamamos a priorizar la construcción del sujet@ histórico que se ha formado al alero de las contradicciones de la educación sexista y de mercado. Para eso, la izquierda estudiantil hoy debe apostar a una alianza feminista socialista, con perspectiva de clase. Con vocación de mayorías y voluntad de disputa política, hay que dotar al movimiento estudiantil de un horizonte feminista. Debemos comprender que para darle proyección política al conflicto educacional, urge refundar la organización estudiantil en sus prácticas y horizontes.

Tenemos la tarea de pujar por transformaciones profundas al sistema educacional, dando cuenta de la incapacidad de las reformas de la Nueva Mayoría y la nula voluntad de la derecha por construir una educación realmente pública y feminista. Mientras el mercado sexista siga siendo hegemónico en la educación, no existen posibilidades de pensar una educación radicalmente democrática, libre de violencias, desigualdades y autoritarismos.

Por todo lo anterior, es que invitamos a organizaciones sociales y políticas de izquierda —dentro y fuera del Frente Amplio— a encontrarnos en diálogos abiertos y fraternos que permitan perspectivar políticamente, con un lente anticapitalista y antipatriarcal, la avanzada feminista que hoy vive el movimiento estudiantil.

¡A construir feminismo socialista!

Dirección Nacional Estudiantil Izquierda Autónoma