Después del “mayo feminista”: a profundizar la democracia

Desde el espacio "Diálogos feministas" de la Fundación Nodo XXI gestionaron una carta sobre el escenario posterior a las movilizaciones feministas de mayo que firman Beatriz Sánchez, Diamela Eltit, Nelly Richard, Faride Zerán, Camila Rojas y Claudia Mix, entre otros. A continuación, reproducimos el texto completo.

Luego de las tomas y masivas manifestaciones, entre las que se contó la más grande movilización por el aborto libre en nuestro país, es un momento oportuno para valorar colectivamente los logros de este movimiento y para hacer frente a los muchos desafíos que ha dejado abiertos. La puesta en circulación del concepto “feminismo” en el espacio público -en los medios de comunicación, en las conversaciones cotidianas, en las calles, en las salas de clases y en las casas-,  el develamiento de problemas largamente ocultados como el acoso y el abuso sexual que derivan de la violencia de género y la visibilización de la permanente lucha por reconocimiento y justicia sostenida por la comunidad LGBTI -y en particular por las mujeres lesbianas, trans y bisexuales-, constituyen grandes avanzadas culturales de la reciente movilización. Construir e implementar un modelo de educación no sexista es uno de los grandes desafíos que se abren para abordar dichas problemáticas de forma estructural.

Sin embargo, vemos con preocupación el que, a pesar de esta decisiva irrupción feminista, la derecha y los grupos conservadores avanzan en Chile mientras que el disgregado mundo de la oposición se muestra incapaz de comprender la magnitud de los cambios políticos, simbólicos y culturales desplegados a escala del país. Las tensiones que el feminismo instala en la política son una posibilidad de renovarla creativamente. Para ello, el feminismo no puede ser nombrado superficialmente por los partidos para darles una cara más acorde a los tiempos sin que eso signifique una democratización del poder y una profundización de  lo igualitario como  alteración sustantiva de las clausuras antidemocráticas de la política tradicional; tampoco este impulso puede terminar diluyéndose o alimentando proyectos que -en nombre de las mujeres- acaben consolidando la mercantilización de los derechos sociales y la precarización de nuestras vidas.

Creemos que el feminismo debe operar como un vector de articulación de un proyecto político que interprete a quienes viven a diario las consecuencias del neoliberalismo: trabajos precarios, endeudamiento, privaciones de derechos y vulneración de las condiciones de existencia. Para ello será necesario evitar que al feminismo se lo encierre en ciertos ámbitos específicos “de mujeres”; habrá que ir más allá de las políticas de cuotas, de paridad y de las denuncias de acoso y abuso sexual, para pasar a la denuncia de las profundas desigualdades sociales, del maltrato económico y de la ideología sexual dominante que hace que las mujeres valgamos menos. Será  preciso también que el feminismo permee la cotidianidad, las luchas del sindicalismo, de la educación, de la seguridad social y las pensiones, de la diversidad sexual, de la salud, de la vivienda, del medioambiente, de la democracia y la política y se vuelva una conexión  transversal en las batallas culturales, políticas y sociales que se libran hoy. En esta línea, vemos también la necesidad de perspectivar una recuperación de nuestra memoria de forma crítica. Para retomar el camino que grandes luchadoras sociales impulsaron por democracia en la calle, en la casa y en la cama, nuestra historia reciente no puede ser resuelta desde la impunidad.

Las aperturas del feminismo nos ponen como tarea la construcción de un proyecto político transformador para las mayorías sociales. Hacer que el feminismo avance social y políticamente, ganar posiciones culturales que modifiquen el orden establecido, pelear alternativas de sentido y de acción que nos hagan saber que otro mundo es posible son los desafíos que nos quedan después de este “mayo feminista” que ha dado un nuevo y esperanzador impulso a las luchas democráticas en el Chile actual.