La Fábula de Boric

Las pretensiones moralistas en política internacional del diputado Gabriel Boric, destempladas y con un sesgo importante, vuelven a poner los ojos en las fisuras internas del Frente Amplio, cuestión que a estas alturas parece no incomodarle.

Las pretensiones moralistas en política internacional del diputado Gabriel Boric, destempladas y con un sesgo importante, vuelven a poner los ojos en las fisuras internas del Frente Amplio, cuestión que a estas alturas parece no incomodarle.
Desde esta parte de la geografía política del Frente Amplio, consideramos que sus inconsistencias radican básicamente en dos puntos: Primero, no se hace cargo de que los países latinoamericanos que critica corresponden a países acosados por el imperialismo norteamericano desde hace décadas. Se trata de países y pueblos en resistencia y en pleno proceso de liberación, procesos en que han debido soportar todo tipo de agresiones externas e internas. De momentos históricos como esos Chile sabe bastante, una compleja omisión por parte del diputado. Agregamos que el fallido magnicidio contra la persona del presidente Nicolás Maduro tampoco entra en sus análisis.
En segundo lugar, livianamente legítima la información emanada de los medios de derecha y le da carácter de “violación a los derechos humanos” a situaciones que a Chile llegan mayoritariamente por medios interesados en derrocar a esos gobiernos. Las asonadas violentistas, los actos de terrorismo y las intentonas golpistas definitivamente no existen en el relato moral de Boric. ¿Justifican dichos intentos golpistas las supuestas violaciones a los derechos humanos? Por supuesto que no. Ya Fidel, en plena guerra de liberación contra Batista, explicaba que el trato digno dado al enemigo era señal de la entereza moral de las y los revolucionarios.
Sumarse permanentemente al coro de la derecha latinoamericana contra Cuba, Venezuela y Nicaragua, no solo revive el conflicto sobre política internacional que tanto le gusta publicar a la prensa en Chile, es además una bofetada a los militantes de base de su propio movimiento. Con ellos y ellas convivimos a diario en distintos espacios y les extraña tanto como a nosotros y nosotras este empecinamiento y esta manera mañosa de utilizar la defensa de los Derechos Humanos como argumento político.
Para que el moralismo sea moral, y por tanto en verdad pueda abrir legítimamente un debate de fondo, primero se hace con bases, con acceso a la información, con conocimiento de causa y no sirviendo de forma permanente a los intereses políticos de la derecha chilena en materia de política internacional. Afirmamos esto porque el panorama de los Derechos Humanos en América Latina comienza con las matanzas a periodistas en México, cuestión que afecta de forma concreta la libertad de prensa, continúa con la matanza de casi medio millar de dirigentes sociales en Colombia desde que se firmara la paz con las FARC o los 7 muertos por hora en Brasil e incluso con los presos políticos en Argentina, cuyo gobierno desoye todo lo que han dicho organismos internacionales sobre la liberación de la dirigenta popular Milagro Sala. Violaciones a los Derechos Humanos en Chile hay, y no pocos, partiendo por la escandalosa y dolorosa situación de constante agresión a las comunidades mapuche en resistencia, con una larga secuencia de montajes, asesinatos, tortura y allanamientos ilegales, permitidas por una militarización del territorio que ha sido condenada en el mundo entero.
¿Por qué entonces este ensañamiento de Boric con Cuba, Venezuela y Nicaragua?, porque hay una agenda política, porque aunque pretenda hacer una caricatura sobre el papel de la CIA en América Latina, la CIA existe opera y ataca toda forma de gobierno que no sirva a los intereses de EEUU o que se aparte de todo lo que significa hoy el Neoliberalismo.
El derecho a la libre determinación de los pueblos –que Boric relativiza- implica cuestiones sustanciales: que los pueblos tienen derecho a decidir sus propias formas de gobierno, si estas formas de gobierno pueden tener dos, tres o 30 partidos no es cosa que le deba complicar la vida a un parlamentario chileno. Decidir sus propias formas de gobierno implica que cada pueblo tiene el derecho a definir de qué manera buscará su desarrollo económico, social y cultural, sin injerencias externas. Eso dicen los pactos internacionales de Derechos Humanos: sin injerencias externas.
Lamentablemente, aun cuando Boric diga lo contrario, sí se alinea con la ultraderecha venezolana y nicaragüense. Es un hecho. En las elecciones presidenciales recientes de Venezuela, un sector de la oposición participó del proceso con dos candidaturas, para ese sector político, no golpista ni sedicioso, desde Chile no hubo respaldo alguno, pero sí lo hay para el relato que la derecha terrorista presenta sobre Venezuela. Para el caso de Nicaragua lo mismo. La mitad de los muertos en las calles son sandinistas, víctimas del lumpen que financia la derecha, pero para esos muertos no hay palabras de solidaridad, no hay muestras de afecto internacional, no hay condenas. Y como en Venezuela, cual guion aplicado mecánicamente, no solo se golpea, tortura y mata a chavistas y sandinistas, también se los quema vivos. ¿Tenemos o no derecho a preguntarnos por qué el progresismo de Boric y compañía no levanta su voz para solidarizarse con esas familias?
Que los pueblos manden!
Partido Igualdad
Agosto 2018

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