La izquierda y el conflicto socioambiental

A continuación presentamos la editorial de la Revista Política Salvaje N°10, que reflexiona sobre el conflicto socioambiental a propósito de los últimos acontecimientos ocurridos en Quintero y Puchuncaví.

A continuación presentamos la editorial de la Revista Política Salvaje N°10, que reflexiona sobre el conflicto socioambiental a propósito de los últimos acontecimientos ocurridos en Quintero y Puchuncaví.

A lo largo del siglo XX, gran parte de los esfuerzos de superación del capitalismo impulsados desde los proyectos socialistas, se sostuvieron en base a la búsqueda del despliegue ilimitado de las capacidades productivas de la nueva sociedad que se buscaba construir. Levantar la nueva sociedad requería, junto al aseguramiento de sus capacidades defensivas, garantizar condiciones económico-productivas que le dieran sustento y le permitieran desarrollarse, “aumentando la riqueza social y el ascenso indeclinable del nivel material y cultural de vida de los trabajadores” (Diccionario Filosófico Marxista, 1946). Así, los proyectos socialistas buscaban equiparar la gran capacidad productiva de las sociedades capitalistas, pero garantizando, por medio de la apropiación social de los medios de producción, la redistribución igualitaria de la riqueza.

En ese esfuerzo, se obtuvieron grandes logros tecnológicos, científicos y sociales que le permitieron al llamado campo socialista plantearse en términos simétricos frente al capitalismo -entendida ésta como la capacidad de asegurar su existencia como proyecto alternativo-, determinándose así una realidad global bipolar pero centrada en un mismo ímpetu productivo.

Desde mediados de siglo, ese despliegue desarrollista-productivista de carácter global comienza, sin embargo, a mostrar graves consecuencias para la vida humana. La crisis socioambiental se manifiesta como una arista del agotamiento del proyecto civilizatorio moderno basado en la hegemonía de una racionalidad instrumental y económica.

La izquierda, que hasta entonces concebía su mirada histórica preferentemente desde la contradicción entre capital y trabajo, ha debido comenzar a articular una reflexión respecto a la cuestión socioambiental. Hacia fines del siglo XX, con la caída de los socialismo reales, fueron las luchas socioambientales y de defensa de la tierra en América Latina las que, en muchos casos, fueron punta de lanza de los movimientos sociales de resistencia ante la arremetida neoliberal. Avanzado el siglo XXI, han sido también los nuevos proyectos de izquierda en América Latina, quienes han debido enfrentar conflictos socioambientales en contra del neo-desarrollismo/neo-extractivismo.

Hoy, cualquier proyecto de transformación social queda incompleto si no es capaz de abordar el conflicto productividad-medioambiente. Los últimos y graves acontecimientos que han afectado a los/as habitantes de Quintero y Puchuncaví, que se suman a lo ocurrido en otras comunidades (especialmente en las denominadas zonas de sacrificio y en los territorios indígenas) nos recuerda la amenaza constante a la vida que nos impone el actual modelo de desarrollo. ¿Cómo integrar entonces el conflicto socioambiental a la perspectiva de clase, y dejar de asumirlo como una demanda particular? ¿Es posible construir de una nueva subjetividad desde los aportes y las experiencias de resistencia y auto-organización de las comunidades afectadas?

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