Lo que oculta el personaje Bolsonaro

Bolsonaro representa el escenario ideal para una agenda de austeridad y privatizaciones. En Brasil la privatización de los servicios públicos es algo impopular, así la burguesía nacional comprendió que para imponer sus reformas debía coquetear con el fascismo. Y para lograr respaldo, su campaña ocultó intenciones sin discutir propuestas. Movilizó por el miedo, contra la corrupción y en el antipetismo, donde el apoyo de pastores evangélicos y empresarios permitió articular un bloque “de la moral cristiana por la verdad sin medidas”.

Bolsonaro representa el escenario ideal para una agenda de austeridad y privatizaciones. En Brasil la privatización de los servicios públicos es algo impopular, así la burguesía nacional comprendió que para imponer sus reformas debía coquetear con el fascismo. Y para lograr respaldo, su campaña ocultó intenciones sin discutir propuestas. Movilizó por el miedo, contra la corrupción y en el antipetismo, donde el apoyo de pastores evangélicos y empresarios permitió articular un bloque “de la moral cristiana por la verdad sin medidas”.

Lo anterior explica la misoginia, el racismo, la criminalización de toda izquierda como parte del “petismo corrupto” y anticomunismo para vaciar la discusión política. Su campaña utilizó una táctica en redes sociales muy similar a la usada por Trump (“Bait-and-switch” y “Firehosing”), con el objetivo de demoler la credibilidad de la prensa y de la izquierda para así cambiar las percepciones. EE.UU. y Brasil nos muestran que el manejo de big data es crucial para disputar poder a través de la mercantilización de informaciones privadas para controlar el funcionamiento social.

Mientras la ultraderecha comprende esto, la izquierda permanece en discusiones para convencidos en una campaña en torno a la defensa abstracta de la democracia, en medio de una desigualdad
brutal no solo de renta sino racial, de derechos de las mujeres y demás minorías sociales.
En este escenario, “defender la democracia frente al fascismo” no hace sentido si no se comprenden las urgencias populares; más aún cuando el feminismo es ignorado en la carrera electoral, mientras es parte permanente de la disputa. El movimiento #EleNão fue una muestra de esto, aun cuando insuficiente para detener a Bolsonaro.

Destaca la publicidad que alcanza el miedo al feminismo, algo que indica que la consigna “lo privado es político” está más vigente que nunca, si de lo que se trata es de rescatar la percepción de realidad material en contra la negación de la política en el cotidiano. Tenemos mucho por hacer, el primer paso es salir del discurso alarmista que ansea por un caudillo de izquierda. En un escenario donde predomina el vacío, no hay otro protagonista que el colectivo. Busquemos nuevas tácticas y estrategias para ser más accesibles, aprendiendo de las nuevas tecnologías de información para disputar de mejor modo el sentido común. Las respuestas son feministas, politizando la vida.

Artículo aparecido en la sección Canibalismo Global, de la Revista Política Salvaje
Sabrina Aquino es militante de Nueva Democracia

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