Mariana Aylwin en Comisión de Educación

Sorpresa causó el nombramiento de Mariana Aylwin, conocida figura del mundo demócratacristiano, a la cabeza de un plan para “liberar de burocracia” a los profesores y directivos de colegios. Que el gobierno convoque a una figura de la oposición puede parecer paradójico. Perono lo es. Aylwin ha tenido una línea coherente en educación: ha impulsado políticas en el marco del Estado subsidiario impuesto por el régimen militar, y ha sostenido siempre que no es relevante el carácter público o mercantil de la educación, sino su calidad técnica.

Sorpresa causó el nombramiento de Mariana Aylwin, conocida figura del mundo demócratacristiano, a la cabeza de un plan para “liberar de burocracia” a los profesores y directivos de colegios. Que el gobierno convoque a una figura de la oposición puede parecer paradójico. Perono lo es. Aylwin ha tenido una línea coherente en educación: ha impulsado políticas en el marco del Estado subsidiario impuesto por el régimen militar, y ha sostenido siempre que no es relevante el carácter público o mercantil de la educación, sino su calidad técnica. No hay contradicción entre sus ideas políticas y su participación en un gobierno de derecha.

Lo paradójico es llamarlo “liberar a los profesores de burocracia”. Son las mal pensadas evaluaciones creadas bajo su mando en el Ministerio de Educación las que dificultan la labor docente. Es fundamental evaluar las prácticas educativas de los profesores. Pero estas medidas, más preocupadas de ofrecer incentivos económicos y competitivos que de construir juicios racionales y pedagógicos sobre la enseñanza, terminaron siendo un lastre. No ha tenido un efecto significativo en la calidad de la educación y han recargado a los docentes de burocracia e incentivos económicos poco asociados a las prácticas reales de la educación.

La débil agenda educativa del gobierno, empeorada por los exabruptos verbales del ministro Varela, se intenta recomponer apelando a un rostro de la oposición para asumir una aparente transversalidad política. Pero solo se trata de imagen. Tenían razón quienes dijeron que la reforma del gobierno anterior, allende las intenciones, era débil en un sentido educativo y descuidaba la calidad. Lamentablemente, un rostro y un golpe comunicacional no van más allá. Faltan ideas y el país sigue esperando que entre tanta consigna de preocuparse por la sala de clases, el Estado de verdad lo haga.

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