Melissa Díaz: La revolución será inclusiva o no será

Generar una relación colaborativa entre todos y todas quienes anhelamos cambios profundos y revolucionarios para Chile, debiera ser una aspiración que tenemos que perseguir en este proyecto colectivo, sin embargo, las tensiones entre los distintos estamentos del Frente Amplio son una realidad a la que tenemos que estar atentos.

Generar una relación colaborativa entre todos y todas quienes anhelamos cambios profundos y revolucionarios para Chile, debiera ser una aspiración que tenemos que perseguir en este proyecto colectivo, sin embargo, las tensiones entre los distintos estamentos del Frente Amplio son una realidad a la que tenemos que estar atentos.

“Una nueva forma de hacer política” conlleva una reflexión profunda sobre las relaciones de poder y las naturalizadas formas verticales de ejercerlo hasta ahora. Podemos hablar de “integración” política, pero este concepto enfatiza las responsabilidades individuales. En él se sostiene que son las personas quienes debemos concentrar nuestros esfuerzos para integrarnos. Es por ello que en este artículo, he preferido utilizar el concepto de “inclusión”, pues en él no se rehuye la responsabilidad de toda la sociedad en el proceso de subvertir la “exclusión” social.

La exclusión es una relación social que va situando a determinados grupos en ubicaciones desfavorables respecto al sistema y las demás personas, definida como fenómeno complejo en el que inciden múltiples variables como: la situación socioeconómica, el género, la etnia, la discapacidad, la disidencia sexual, y también el lugar que se habita. Estas dimensiones determinan la posición que ocupamos las personas en la toma de decisiones en tanto somos más o menos favorecidos en el protagonismo y el poder que pueden tener nuestras voces.

En la dimensión territorial, nuestras comunas del Marga Marga, como son Quilpué y Villa Alemana, son calificadas como “ciudad-dormitorio”, en donde no tienen una oferta considerable de empleos y por tanto las personas que residen en ellas deben trabajar en los grandes centros urbanos como Viña del Mar y Valparaíso, así como también otras comunas dedicadas a aquellas actividades relacionadas con la agricultura y, por ende, correspondientes a la ruralidad.

Debido al grado de centralización existente en la región, es decir, estando el centro del poder en la capital regional, estas condiciones de segregación y tendencias de ubicación territorial generan a su vez otras condiciones de exclusión, ya que se nos dificulta el acceso a servicios y derechos, por distancia y calidad de los servicios. No tenemos hospitales de alta complejidad, no tenemos colegios emblemáticos, ni una gran oferta de universidades de prestigio en nuestra provincia. Las investigaciones científicas realizadas, producidas o protagonizadas por personas de la provincia son mínimas comparadas con las investigaciones realizadas en Valparaíso o Viña. Por lo tanto, las personas que vivimos en estas comunas podemos ser más vulnerables a la exclusión social y, por ende, más excluidas de la toma de decisiones y la participación política.

Pero lo territorial no reduce la inmensa complejidad del fenómeno de la exclusión social; también hay dimensiones que son transversales a los territoriales, como la discapacidad, la desigualdad de género, los conflictos medioambientales y un largo etcétera. Es por ello que tanto los frentes temáticos y los territorios del Frente Amplio podemos ser la forma en que este proyecto político le de voz a los sin voz, a los excluidos históricamente en la toma de decisiones.

No desperdiciemos esta oportunidad de poder construir democracia, integremos a la gente en la participación política. Quizás será un proceso más lento, quizás sea más “desordenado” que la verticalidad, quizás “no estemos preparados” para ejercer el poder que en nosotros subyace, pero nunca lo estaremos si no nos damos la posibilidad de intentarlo.

*Melissa Díaz Gatica, Frenteamplista Pirata

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