Resoluciones Encuentro Político – Ideológico “Marielle Franco” Nueva Democracia

A continuación se presentan las resoluciones del Encuentro Político – Ideológico “Marielle Franco” de Nueva Democracia, realizado en Mayo de 2018. El documento parte con un breve diagnóstico de la realidad nacional, para luego profundizar en las bases político–ideológicas de Nueva Democracia, mirando en perspectiva el proceso de convergencia de izquierdas.

A continuación se presentan las resoluciones del Encuentro Político – Ideológico “Marielle Franco” de Nueva Democracia, realizado en Mayo de 2018. El documento parte con un breve diagnóstico de la realidad nacional, para luego profundizar en las bases político–ideológicas de Nueva Democracia, mirando en perspectiva el proceso de convergencia de izquierdas.

A) Diagnóstico de la realidad nacional

En términos históricos, la dictadura Cívico–Militar, por medio del Terrorismo de Estado, se propuso destruir a la izquierda y al movimiento popular, y desde la década de los 80’s, sentó las bases de un proyecto de largo plazo para Chile, basado en el neoliberalismo y la democracia restringida. Mientras que desde la segunda parte de la década de los 80’s, el proceso de transición va a sentar las bases de la dominación neoliberal para el período de la post-dictadura, por medio de un pacto de élites en los que participan las Fuerzas Armadas, el imperialismo estadounidense, la Democracia Cristiana y una izquierda en renovación ideológica (lo que se expresaría posteriormente en la Concertación de Partidos por la Democracia). Ya en el período de la post-dictadura, la Concertación se va a consolidar por dos décadas como la dirección política del gobierno y va a profundizar el neoliberalismo al tiempo que la estructura político – institucional va a estar definida por la vigencia de la Constitución Política de 1980.

Por lo tanto, algunas de las características estructurales del Chile de hoy son: en lo económico, una economía altamente concentrada y dirigida por capitales transnacionales y por grupos económicos nacionales, quienes controlan las actividades estratégicas tales como las finanzas, el transporte, el comercio, los recursos naturales, los servicios y otras ramas vinculadas a la reproducción cultural de sus intereses como son los medios de comunicación masivos. Una economía en la que alrededor de un tercio de la economía se orienta a la exportación y se sustenta en la sobreexplotación de los recursos naturales y que se sostiene en la precarización de las mayorías trabajadoras y populares, en los bajos salarios y en la ausencia de derechos colectivos de las y los trabajadores, en la mercantilización de prestaciones sociales fundamentales como la educación, la salud y las pensiones. Lo que se viabiliza por medio de un Estado subsidiario, que asegura la hegemonía mercantil, la externalización y subcontratación de las funciones públicas, y una transferencia permanente de recursos fiscales hacia ganancias privadas.

En lo político una democracia restringida, de baja intensidad, elitista, que se corresponde con los niveles de concentración económica y la dirección de capitales transnacionales y grupos económicos nacionales, institucionalizada en la Constitución de 1980, caracterizada por enclaves antidemocráticos aún vigentes como los quórum calificados para su reforma y para transformaciones en materias decisivas de la vida del país, y por la preeminencia de dos coaliciones coincidentes, en términos generales, en la defensa de la estabilidad de estas bases económicas y políticas, Chile Vamos y la Concertación – Nueva Mayoría, situación que ha tendido a modificarse con la irrupción de las movilizaciones sociales masivas y con la emergencia política del Frente Amplio.

En lo social, en mayorías trabajadoras y populares precarizadas en sus niveles de ingreso y condiciones laborales, con bajos niveles de organización, pero que en términos generales, han logrado incorporarse al consumo, en muchos casos por medio del endeudamiento. En el desarrollo y crecimiento de sectores medios profesionales y de pequeños y medianos empresarios, también precarizados y endeudados. Sectores que, bajo el sentido común neoliberal, integran una amplia y heterogénea “clase media”, que puede simultáneamente, ser progresista frente a las reivindicaciones y demandas de los movimientos sociales por más derechos e igualdad, y reaccionaria ante los esfuerzos de superación del capitalismo neoliberal.

Otras de las características estructurales de Chile son un racismo estatal en el que, como establece la Constitución Política de 1980, niega la existencia de naciones distintas de la chilena, lo que se enmarca en un conflicto histórico por el despojo y destrucción de los pueblos originarios, en particular del pueblo mapuche, para beneficiar a terratenientes e industrias extractivas y una particular centralización del poder político-administrativo en la Región Metropolitana lo que dificulta la realización de proyectos políticos democráticos a escala territorial.

Respecto de los principales actores de la sociedad chilena se encuentran: por un lado una alianza de clase de la que participan los grupos económicos locales, la élite política neoliberal, las altas jerarquías de las Fuerzas Armadas y la Iglesia Católica, unido en términos sociales y políticos en torno al orden del capitalismo neoliberal y la democracia restringida, y por el otro por mayorías trabajadoras y populares (entre las que se encuentran los sectores medios), desorganizadas y fragmentadas, las que no cuentan con un proyecto político propio aún, entre las cuales la hegemonía neoliberal goza aún de buena salud, al tiempo que el Frente Amplio y la izquierda buscan elevar su inserción e influencia en ellas.

Desde el 2009 se van a desencadenar un conjunto de acontecimientos políticos y sociales relevantes para el momento político actual. La Concertación va a evidenciar su agotamiento (dada la irrupción de los movimientos sociales desde el 2006, por su incapacidad para realizar transformaciones democráticas, por su indiferenciación con la derecha, por su compromiso con el neoliberalismo, por el deterioro de sus vínculos con la sociedad, entre otros) y la derecha con Sebastián Piñera va a ganar las elecciones presidenciales del 2009, en su primer acceso electoral al gobierno desde el periodo de Alessandri en la década de los 50’s.

El gobierno de Sebastián Piñera no solo va a estar definido por el retorno de la derecha al poder ejecutivo, sino por un salto adelante de la movilización social, fundamentalmente por medio del movimiento por la educación del 2011, que va extender el cuestionamiento a algunos de los pilares de la dominación neoliberal y de la democracia restringida, abriendo oportunidades para una izquierda independiente al pacto de la transición.

En función del cuestionamiento instalado por los movimientos sociales, la derecha sufre un desplome electoral y la centroizquierda demuestra mayor flexibilidad con la respuesta de la Nueva Mayoría, dando por superada a la Concertación. Este hecho va a representar un intento de procesamiento de las demandas y consignas instaladas por los movimientos sociales, de incorporación de algunos de los dirigentes sociales más característicos del momento, y, lo que es de alto interés, del Partido Comunista al interior de la coalición, accediendo al gobierno con el liderazgo de Michelle Bachelet. Este gobierno se va a caracterizar por reformas presentadas como estructurales, pero que finalmente van a ser ajenas a las expectativas de los movimientos sociales y que no van a alterar las bases de la dominación neoliberal. En este sentido, nuestra interpretación de la Nueva Mayoría es de cambio respecto de la Concertación (por los elementos ya señalados), pero de continuidad del pacto transicional. La Nueva Mayoría va a asistir a un proceso acelerado de descomposición (por sus tensiones internas, por la interpretación del programa y del legado de la Concertación, representada en sus límites por el conflicto DC–PC, y por el agotamiento acumulado de la Concertación), lo que va a facilitar el retorno de la derecha al gobierno el año 2017 con Sebastián Piñera.

El 2017 va estar marcado fundamentalmente por la irrupción del Frente Amplio, coalición política antineoliberal que encontrará su génesis en el avance de los movimientos sociales, en la extensión del cuestionamiento a algunas de las bases de la dominación neoliberal, a la erosión de la legitimidad de los grandes grupos empresariales y de los partidos políticos y la maduración de organizaciones políticas que se han fortalecido al calor de estos acontecimientos. Irrupción electoral e institucional que pondrá a la candidata presidencial Beatriz Sánchez al borde de la segunda vuelta presidencial, y permitirá la elección de 20 diputadas y diputados y 1 senador en las primeras elecciones parlamentarias sin sistema electoral binominal.
Las elecciones presidenciales y parlamentarias del 2017 y la instalación del gobierno de Sebastián Piñera en marzo del 2018 marcan el inicio de un nuevo ciclo político.

De esta forma, el actual ciclo político está caracterizado por:

El liderazgo de la derecha con su segundo gobierno en una década, donde además de la presidencia de Sebastián Piñera se constata la emergencia de una derecha populista, representada por José Antonio Kast, dispuesta a disputar directamente los espacios de reproducción social de la izquierda antineoliberal, como las universidades. Esta situación ofrece a la derecha un arco amplio de alternativas políticas, entre los que se encuentra esta derecha populista, y además una derecha liberal y de regeneración (por ejemplo Evópoli, que obtiene resultados similares a los de Revolución Democrática), al mismo tiempo que se despliega sistemáticamente sobre la descomposición de la centroizquierda neoliberal (principalmente tendiendo puentes hacia la DC y sectores ex DC) buscando reeditar a la Concertación por derecha, en una estrategia que apunta a convertirse en la nueva dirección política de la gobernabilidad neoliberal en Chile. Este liderazgo de la derecha evidencia además la estabilidad de un sentido común neoliberal en las mayorías trabajadoras y populares de nuestro país, donde, si bien se ha desarrollado un cuestionamiento a algunas de sus bases, dado el desarrollo de la movilización de la última década y el estallido de múltiples escándalos de corrupción de élite empresarial y política, goza aún de buena salud.

Por otro lado, la centroizquierda neoliberal asiste a un acelerado proceso de descomposición que se expresa en el fin de la Concertación y de la Nueva Mayoría, en la ausencia de una nueva articulación de este sector, en la crisis de algunos de sus principales partidos (la Democracia Cristiana y el Partido por la Democracia), y en la inexistencia de una estrategia de oposición a la derecha en el gobierno y de actualización de un proyecto político para el país. A esto se suma la multiplicidad de lecturas y actitudes posibles hacia el Frente Amplio, como coalición que amenaza su reproducción electoral e institucional.

Por su lado, el Frente Amplio logra irrumpir como una coalición política con fuerza electoral y representación institucional, lo que lo convierte en un actor relevante en el actual escenario. Respecto de las proyecciones de la naciente coalición son aún inciertas, y se enfrenta a diversos escenarios: puede lograr erigirse como la principal oposición al gobierno de Sebastián Piñera, contribuir a la desarticulación de la centroizquierda neoliberal, convertirse en una expresión política de los esfuerzos institucionales y político-sociales para la superación del neoliberalismo y la democracia restringida con potencial de ruptura del pacto transicional o se asimila como una fuerza alternativa en sistema de partidos y representación pero finalmente inofensiva a los intereses de las clases dominantes.

Todo lo anteriormente mencionado se da en un contexto general de síntomas de recuperación del crecimiento económico, de cierre parcial de los procesos judiciales vinculados a los escándalos de corrupción de la élite empresarial y política, producto de las operaciones de la Fiscalía Nacional, y de persistencia, con altos y bajos, de la movilización social que exhibe nuevas particularidades, entre las que destaca la vitalidad del movimiento feminista, que durante este 2018 ha tenido una de sus más significativas experiencias con paralizaciones y tomas universitarias nacionales, movilizaciones con una masividad inédita, y con un gran impacto sobre el debate público y la generación de nuevos sentidos comunes con potencial emancipatorio.

B) Bases político–ideológicas de Nueva Democracia de cara al proceso de Convergencia

Las bases político – ideológicas de Nueva Democracia de cara al proceso de convergencia son Anticapitalismo, Socialismo, Feminismo y Ecosocialismo.

Por anticapitalismo y socialismo, comprendemos al conjunto de los elementos teóricos y prácticos que apuntan a la superación del capitalismo (y sus manifestaciones diversas, en los campos económicos, sociales, político–institucionales, ideológico–culturales, ambientales, entre otros) que se inscriben en la tradición del pensamiento y la acción socialista y comunista, y sus principios centrales, entre los que se encuentra la lucha de clases como fuerza motriz de la sociedad (definida por el conflicto capital–trabajo), la centralidad política de las mayorías trabajadoras y populares, el Estado como instrumento de dominación de clase, la relevancia de la socialización de los medios de producción, y el horizonte de organización y conquista de una sociedad, economía y Estado sobre la base de los intereses de quienes producen la riqueza y de los grupos y sectores oprimidos.

Por feminismo comprendemos al conjunto de los elementos teóricos y prácticos que apuntan a la superación del patriarcado y el conjunto de las violencias ejercidas sobre las mujeres y la disidencia sexual. Feminismo clasista que asume la centralidad de las mujeres trabajadoras (y el reconocimiento de los trabajos asalariados y no asalariados), decolonial (que reconoce la realidad de las mujeres racializadas y que se sitúa desde los pueblos del sur del mundo), e interseccional (que asume como el género, la clase y la raza, entre otras condiciones sociales, se encuentran interrelacionadas y permiten expresar con mayor claridad y precisión las violencias y los potenciales emancipatorios).

Por ecosocialismo comprendemos al conjunto de los elementos teóricos y prácticos que apuntan a la superación del capitalismo desde una perspectiva ecológica, esto ante la evidencia de que las dinámicas de acumulación y expansión de este modo de producción amenazan a la naturaleza y las posibilidades de existencia de la especie humana y otras especies vivas, lo que supone construir un nuevo equilibrio entre economía, medioambiente y sociedad.

Nuestras bases político-ideológicas que se nutren de la experiencia de lucha de las masas trabajadoras, de las mujeres, de la disidencia sexual, de las naciones oprimidas y los pueblos originarios, en la historia de la humanidad, con particular énfasis en la experiencia acumulada en Latinoamérica y Chile.

Respecto de las y los sujetos de la transformación social, comprendemos que la profundización del capitalismo neoliberal ha fragmentado y complejizado a las mayorías trabajadoras y populares. De esta manera, se han diversificado las formas de trabajo asalariado, las formas de la pequeña y mediana propiedad privada, la participación de la fuerza de trabajo migrante, entre otros procesos de transformación económica, lo que ha generado distintas capas que viven de su propio trabajo, pero que tienen diversos ingresos materiales, condiciones laborales y niveles de incorporación al consumo. Así se han desarrollado unas capas medias altamente individualizadas, que se reconocen a sí mismas como una “clase” diferente de los sectores populares, o sectores trabajadores que se reconocen a sí mismos no solo diferentes sino con intereses antagónicos a otros sectores trabajadores, entre otros fenómenos de alta complejidad.
Por otro lado, el reconocimiento progresivo de nuestras sociedades de las violencias ejercidas sobre las mujeres y la disidencia, desde la estructura patriarcal y las prácticas machistas, se ha expresado en la emergencia de nuevos sujetos colectivos como los movimientos feministas y los movimientos de las disidencias sexuales.

Se incorpora además la resistencia de los pueblos originarios por sus derechos colectivos a la soberanía y la autodeterminación y a la propiedad comunitaria de la tierra y de los bienes comunes, y la emergencia de movimientos socioambientales frente al despojo territorial y la crisis ecológica, que constituyen fuerzas relevantes en la confrontación al capitalismo neoliberal.

En este sentido, seguimos identificando a las mayorías trabajadoras y populares como las y los sujetos de la transformación social, dado que persiste la vigencia de un conflicto material y de clase, en el cual estas mayorías producen las riquezas que finalmente son apropiadas por una minoría que controla los recursos del poder. De todos modos, asumimos el desafío de la fragmentación y la complejidad para la construcción de una fuerza y voluntad transformadora (o fuerzas y voluntades) de mayorías diversas, que articulen el potencial emancipatorio del conflicto capital–trabajo; mujeres y disidencias sexuales–patriarcado y machismo; pueblos originarios–colonialismo/comunidades; territorios en resistencia–despojo y crisis ecológica, en un proyecto global de superación del capitalismo y el patriarcado. Fragmentación y complejidad que elevan las exigencias sobre las organizaciones políticas transformadoras en general y el instrumento político de la Convergencia en particular, dado que no bastará la auto-identificación como “partido de las mayorías trabajadoras y populares” para constituirnos efectivamente como tal, sino más bien enfrentar esta realidad con capacidades de análisis de la realidad, de generación de nuevas narrativas y estrategias de comunicación política y de organización e inserción, que nos permita aportar a la construcción de estas fuerzas y voluntades y al despliegue de su potencial emancipatorio.

Respecto del Estado, si bien comprendemos que es un instrumento de dominación de clase, asumimos también su disputa como parte de un esfuerzo sistemático por mejorar las correlaciones de fuerzas de las mayorías trabajadoras y populares. Es por esto que asumimos íntegramente la lucha político–institucional por el acceso al gobierno central, a los gobiernos regionales y comunales, a la Cámara de Diputados y el Senado, e impulsamos un programa de transformaciones estructurales para la superación del capitalismo neoliberal y la democracia restringida, que supone el control público de las actividades estratégicas de la economía, la Asamblea Constituyente para una Nueva Construcción Política del Estado, el establecimiento de derechos sociales universales sin mercantilización, los derechos colectivos de las y los trabajadores, entre otros.

C) La política de alianzas de Nueva Democracia

La política de alianzas de Nueva Democracia, y que se pone a disposición del proceso de convergencia, está definida por la construcción de un proyecto anticapitalista, feminista y socialista en Chile y por la superación del capitalismo neoliberal y la democracia restringida.

En este marco, integramos el Frente Amplio como coalición política antineoliberal, con sus particularidades, diversidad y tensiones internas, apostando por su fortalecimiento político, orgánico, institucional, social, territorial y electoral para que se constituya en una alternativa de ruptura del orden transicional. Lo que supone alianzas con el conjunto de los partidos y movimientos que integran la coalición, y con mayor intensidad con aquellos que compartimos no solo la acción institucional sino frentes de acción político–social (trabajadoras y trabajadores, feminismos y disidencia sexual, estudiantes, socioambiental, entre otros) y política en los territorios. Para el presente ciclo político no nos proponemos integrar otra coalición política distinta del Frente Amplio.

Por otro lado, hemos resuelto abrir las relaciones políticas formales con el Partido Comunista y sectores del Partido Socialista, posibilidad que será evaluada por nuestra Mesa Política, sobre la base de entendimientos en función del proyecto y programa de superación del capitalismo neoliberal y la democracia restringida, teniendo consideración de las realidades específicas sectoriales y territoriales.

D) El rol de Nueva Democracia y el proceso de Convergencia

De acuerdo a nuestras resoluciones del I Congreso Político-Ideológico de Nueva Democracia, concluido en enero del 2018, entendemos a la convergencia como un proceso de unidad ideológica, estratégica, política, social, sectorial y territorial, desde todos los niveles de las militancias, a ser impulsado por nuestra organización con el objetivo general de construir un nuevo instrumento partidario común de carácter anticapitalista, socialista y feminista, que contribuya al desarrollo de un proyecto emancipador desde y para los pueblos de Chile.

En términos históricos, la convergencia es asumida como una necesidad ante la atomización y la debilidad político-organizativa y de inserción de la izquierda, y para contribuir decididamente a la ruptura del orden transicional, basado en el capitalismo neoliberal y en la democracia restringida, generando condiciones para transformaciones estructurales en beneficio de las mayorías trabajadoras y populares.

En términos tácticos, la convergencia se sitúa en un ciclo político caracterizado por el dominio de las derechas, la descomposición de la centroizquierda neoliberal, y la irrupción del Frente Amplio. En este sentido la convergencia busca construir un instrumento para enfrentar a las derechas, desarticular a la centroizquierda neoliberal y fortalecer el Frente Amplio. Estos tres elementos confluyen en uno de los desafíos centrales del ciclo político que es el de la construcción de una mayoría social, política y electoral nacional, liderada por el Frente Amplio para un proyecto de superación del neoliberalismo y la democracia restringida, el cual estimamos, estará compuesto por la naciente coalición, pero también por actores, sectores y partidos que pueden provenir de la ex Nueva Mayoría, en tanto adscriban a estos elementos de proyecto y programa, entre los que pueden encontrarse sectores del Partido Socialista (como Izquierda Socialista) y el Partido Comunista.
Respecto del Frente Amplio se constata la posibilidad de que se consagre en su interior una conducción liberal–progresista, con límites acotados en sus posibilidades transformadoras, por lo que la Convergencia no persigue solo fortalecer al Frente Amplio en términos generales sino en la existencia en su interior de una fuerza política anticapitalista con vocación de mayorías, unidad y poder.

Rol de Nueva Democracia en el proceso de convergencia

Para Nueva Democracia el proceso de convergencia es prioritario por lo tanto nuestra disposición es facilitarlo y no obstaculizarlo. De esta forma, protagonizaremos la convergencia con las resoluciones de nuestro Encuentro Fundacional, nuestro I Congreso Político y nuestro I Encuentro Político–Ideológico, y el conjunto de la experiencia acumulada por nuestra militancia y sus respectivos trabajos político–sociales, sin vetos y haciendo de estas resoluciones insumos para abrir el proceso y construir unidad en desmedro de su instalación como exigencias o prerrequisitos. Convergencia que aspiramos se consagre en tiempos razonables para enfrentar los próximos escenarios de disputa y reordenamiento político con el despliegue de las capacidades y potencialidades del nuevo instrumento común.

La Convergencia es construir unidad entre espacios diferentes para dar vida a una nueva realidad colectiva común. Lo que torna central las formas que asuma el proceso con tal de que conduzca efectivamente a ese resultado. La unidad supone un ejercicio progresivo de síntesis política, donde, inicialmente, consideramos se deben agotar todos los acuerdos sustantivos ya existentes, los que tenemos seguridad son amplios y relevantes, y que han permitido compartir múltiples experiencias de movilización, organización y lucha, en distintos frentes, sectores, y dimensiones de la disputa política. Enfatizar en los acuerdos sustantivos es un principio para el proceso de convergencia, lo que estimamos puede ser una de las bases de la estabilidad futura del instrumento político a construir. En consideración de estos acuerdos sustantivos se debe animar una extendida discusión democrática tendiente a la síntesis política, donde los mecanismos mayoritarios o plebiscitarios deben ser recursos de alcance acotado, porque lo que buscamos es forjar unidad política y conformar una columna vertebral para un proyecto socialista de impacto y larga duración por sobre de un sistema de distribución de poder entre corrientes internas. Este ejercicio de síntesis impactará a su vez en la cultura política común del nuevo instrumento y de su militancia, por lo que velar por su calidad es también producir una cultura política e identidad unitaria, lo que sustenta las prácticas políticas dentro de las organizaciones al mismo tiempo que su proyección hacia el exterior. Producir esta cultura e identidad es otra de las condiciones para el éxito y proyección temporal del instrumento político a construir.

Caracterización orgánica del instrumento político a construir a través de la Convergencia

- Un partido que asuma, en términos tácticos y a la brevedad, la necesidad de legalizar un instrumento electoral propio: cuando identificamos como objetivos del proceso de Convergencia contribuir a la superación de la atomización de la izquierda y de su debilidad político-organizativa y de inserción, al fortalecimiento del Frente Amplio como coalición de ruptura con el neoliberalismo y la democracia restringida, esto implica también generar las condiciones y herramientas para el mejor despliegue en el escenario del nuevo instrumento político. La legalización de un instrumento electoral propio contribuye a ambos objetivos, más en la comprensión de que en el actual momento la disputa electoral, política e institucional es uno de los campos decisivos en la expresión de las correlaciones de fuerzas.

- Un partido de síntesis política: por partido de síntesis política entendemos a un instrumento basado en fundamentos ideológicos, estratégicos y políticos sustantivos, con un funcionamiento cimentado en la unidad política, de mando y de acción, en el cual los movimientos políticos fundacionales y sus militancias concretan la superación de sus respectivas orgánicas e identidades para la emergencia de una nueva realidad común. Respecto de la existencia de corrientes o tendencias organizadas internas, comprendemos que es inevitable que se expresen en la etapa inicial de la construcción del instrumento partidario, dada la diversidad de las militancias que serán parte de este proceso, pero que es necesario que estas transiten hacia una convivencia política común y unitaria, con tal de que el resultado de la convergencia exceda significativamente la mera sumatoria de las partes fundacionales.

- Un partido que ponga en el centro de su quehacer político–social a las mayorías trabajadoras y populares: la centralidad del quehacer político–social partidario en las mayorías trabajadoras y populares está en directa correspondencia con nuestras definiciones ideológicas relativas a las y los sujetos de la transformación y del conflicto de clases. Lo que exige una estructura orgánica que incorpore frentes sectoriales y bases territoriales. Frentes sectoriales para el despliegue de estrategias nacionales de inserción en las mayorías y bases territoriales para que a nivel local, con el protagonismo de toda la militancia, se diseñen y ejecuten los planes de inserción social y política.

- Un partido en el que el feminismo define su convivencia política y orgánica interna: en este sentido, el feminismo no es únicamente una base político–ideológica sino un elemento fundante de la convivencia política y la orgánica interna del instrumento político a construir por medio de la Convergencia, lo que implica el reconocimiento de la existencia de relaciones de poder entre géneros y esfuerzos sistemáticos para su modificación en la vida partidaria, el combate frontal a las prácticas machistas, a una división del trabajo sexista, a cualquier forma de violencia contra las mujeres y la disidencia sexual, lo que exige la construcción de espacios seguros para el conjunto de las militancias y la producción de normativas y procedimientos internos que los hagan posibles. Esto supondrá además resolver de manera conjunta y con sentido de justicia todos los casos de violencia que afectan a las militancias y que sean heredados de las organizaciones que darán vida al nuevo instrumento político.

- Un partido de masas: por partido de masas entendemos a un instrumento partidario que al mismo tiempo que se inserta en las mayorías trabajadoras y populares, contribuye a su organización política. De tal manera, el instrumento partidario debe perfilarse como una herramienta de lucha de amplias franjas sociales para la articulación y representación de sus intereses en la disputa política. El carácter de masas implica también la aspiración de ser una herramienta de organización masiva, compuesta por una militancia de miles de personas, lo cual no es excluyente a la necesidad de cuadros políticos, entendidos como una militancia de alta calificación política, ideológica, moral y técnica, que sin duda resultan esenciales para el correcto desarrollo partidario. Nuestro perfil de militancia que debe ser producido por medio de los esfuerzos sistemáticos generados desde el propio instrumento (formación y socialización política permanente, generación de capacidades técnicas) y por la experiencia acumulada en el trabajo y lucha político – social, en vistas de elevar los niveles de desarrollo individual y colectivo.

- Estilo de militancia y de orgánica: lo anterior perfila un estilo de militancia que se activa en la lucha político–social, participando en frentes y bases territoriales, y que respecto del instrumento partidario, desarrolla un espíritu unitario y una actitud disciplinada en correspondencia con la unidad política y de acción. Y en cuanto a la orgánica del instrumento partidario, requiere al menos, de direcciones políticas unitarias a nivel nacional y territorial, definidas por medio de procesos democráticos y de atribuciones y competencias delimitadas por normativas internas, frentes sectoriales, equipos técnicos nacionales, y bases territoriales.

Orgánica: